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Sanlúcar, 500 años después de la primera Circunnavegación

Sanlúcar, 500 años después de la primera Circunnavegación

 

 

 

Histórico.-   Del diario de Antonio Pigafetta        

13 de Diciembre de 1519.-Entramos en el puerto ( Rio de Janeiro ) el día de Santa Lucía, 13 de diciembre.Estaba entonces a mediodía el Sol en nuestro cénit, y sufríamos con el calor mucho más que al pasar la línea.La tierra de Brasil, abundante en toda clase de productos, es tan extensa como España, Francia e Italia juntas; pertenece al rey de Portugal.

Los brasileños.- Los brasileños no son cristianos, pero tampoco son idólatras, porque no adoran nada; el instinto natural es su única ley.

Su longevidad.- Viven muchísimo tiempo; los viejos llegan ordinariamente hasta los ciento veinticinco años, y algunas veces hasta los ciento cincuenta.

Sus costumbres.- Van desnudos del todo, lo mismo las mujeres que los hombres.Sus casas.-Sus habitaciones consisten en anchas cabañas, a las que llaman boi, y se acuestan sobre mallas de hilo de algodón llamadas hamacas, colgadas por los dos extremos de gruesas vigas. La chimenea está en la tierra. Unos de los bois alberga algunas veces hasta cien hombres con sus mujeres y niños y, en consecuencia, hay en ellos siempre mucho ruido.

Sus barcos.-  Los llaman canoas y están hechas de un tronco de árbol ahuecado por medio de una piedra cortante, usada en lugar de las herramientas de hierro, de las cuales carecen. Estos árboles son tan grandes que en una sola canoa caben treinta y aún cuarenta hombres, que bogan con remos parecidos a las palas de nuestros panaderos. Al verlos tan negros, completamente desnudos, sucios y calvos, se les hubiera tomado por marineros de la laguna Estigia.

Antropófagos.- Los hombres y las mujeres son tan recios y están tan bien formados como nosotros. Comen algunas veces carne humana, pero solamente la de sus enemigos. No es por apetito ni por gusto, sino por una costumbre, No se los comen en el campo de batalla, sino que los despedazan y los reparten entre los vencedores; cada uno se lleva la parte que le corresponde, la seca al humo, y cada ocho días se come un pedazo asado. Esto me lo contó nuestro piloto Juan Carvajo, que había pasado cuatro años en Brasil

 

 

Histórico.-   Del diario de Antonio Pigafetta         Noviembre de 1519.-El Brasil, después de pasar la línea equinoccial, al a aproximarnos al polo antártico, perdimos de vista la estrella polar. Dejamos el cabo entre el Sur y el Suroeste y enfilamos la proa hacia la Tierra del Verzino, que es el nombre de la madera roja que se importa desde Asia y África, en los 23º 30´ de latitud meridional. Esta tierra es una continuación de la que está en el cabo San Agustín, a los 8º 30´de la misma latitud.Ananás, azúcar, anta.- Aquí nos aprovisionamos abundantemente de gallinas, patatas, de una especie de fruto parecido a la piña de pino pero dulce en extremo y de un gusto exquisito, los españoles lo llaman piña de América y los ingleses, applepine, de cañas dulces, de carne de anta, que es parecida a la de vaca.Cambios, patatas.-

Hicimos también ventajosísimos cambios: por un anzuelo o por un cuchillo nos dieron cinco gallinas; por un peine, dos gansos; por un espejito o un par de tijeras, el pescado suficiente para comer diez personas; por un cascabel o por una cinta los indígenas nos traían un cesto de patatas, nombre que dan a los tubérculos que tienen poco más o menos la figura de nuestros nabos y cuyo sabor es parecido al de las castañas. Cambiamos también a buen precio las figuras de los naipes; por un rey de oros me dieron seis gallinas, y aún se imaginaban haber hecho un magnífico negocio.

Histórico.-Del diario de Antonio Pigafetta

3 DE OCTUBRE DE 1519.-

  Islas de Cabo Verde.- El lunes 3 de octubre nos hicimos a la vela directamente al Sur. Pasamos entre Cabo Verde y sus islas, situadas en los 14º 30´de latitud septentrioal.

Sierra Leona.- Después de haber navegado muchos días a lo largo de la costa de Guinea, llegamos al grado 8 de latitud septentrional, donde hay una montaña llamada Sierra Leona.

Tuvimos vientos contrarios, calmas chichas y lluvia hasta la línea equinoccial; y el tiempo lluvioso duró sesenta días, contra la opinión de los antiguos. Los antiguos creían que no llovía nunca entre  los trópicos, y por esta razón se imaginaban que esta región era inhabitable.Hacia los 14º de latitud septentrional sufrimos muchas ráfagas impetuosas que, unidas a las corrientes, nos impidieron avanzar. Cuando las ráfagas soplaban, teníamos la precaución de amainar las velas, y poníamos en facha el navío hasta que el viento cesaba.Tiburones.-

Durante los días serenos y calmos, unos peces grandes a los que llaman tiburones (perros marinos) nadaban cerca de nuestro navío. Estos peces tienen varias hileras de dientes afilados, y si por desgracia encuentran a un hombre en el mar, lo devoran en el acto. Pescamos muchos con anzuelos de hierro; pero los grandes no son del todo comestibles y los pequeños no valen gran cosa.Fuegos de San Telmo.- Durante ñas tempestades vimos frecuentemente lo que se llama Cuerpo Santo, esto es, San Telmo. Una noche muy oscura se nos apareció como una hermosa antorcha en la punta del palo mayor, en donde flameó por espacio de dos horas, lo que fue un gran consuelo en medio de la tempestad. Al parecer, proyectó una luz tan grande que nos dejó, por así decirlo, cegados. Nos creímos perdidos; pero el viento cesó en aquel instante.

 

Relato - Parte 002

Uno de los grandes problemas fue el reclutamiento de marineros suficientes para tripular la flota.

Los orgullosos marineros castellanos no querían servir a un comandante extranjero. Peor aún: el taciturno Magallanes se negaba a decir exactamente adónde iba, y los marinos profesionales no se decidían a comprometerse en una expedición de dos años o más a "un mundo desconocido". A decir verdad, parece que el único que se alistó gustoso fue Antonio Pigafetta, joven noble italiano que quería ver las "grandes y maravillosas cosas del océano".

Acaso fuera también secretamente espía de los mercaderes venecianos interesados en el tráfico de las especias. En todo caso, la historia tiene una deuda con Pigafetta, pues su diario, vívido y detallado, es una narración de primera mano de aquel trascendental viaje de Fernando de Magallanes.

Pese a las dificultades, el capitán general consiguió al fin una tripulación completa de unos 250 hombres, que incluía italianos, franceses, alemanes, flamencos, moros y negros, a más de españoles y portugueses. Parecía confiar en que su personalidad de hierro aglutinaría aquel conjunto heterogéneo en un cuerpo disciplinado.

El 20 de septiembre de 1519 todo estaba al fin dispuesto. Retumbó el cañón y ondearon banderas mientras las cinco naves enfilaron al Atlántico desde el puerto de Sanlúcar de Barrameda, en la desembocadura del Guadalquivir. El 26 de septiembre abordaron las Canarias para acabar de abastecerse y tomar agua dulce. A las pocas horas arribó un barco al puerto con una carta urgente para Magallanes de sus amigos de España. El mensaje era alarmante: Cartagena y los suyos proyectaban amotinarse y matar al jefe. Fríamente, Magallanes decidió no hacer más de momento que vigilar de cerca a Cartagena. Confiaba en que,, llegada la ocasión, su experiencia de soldado seria más que suficiente ante cualquier insubordinación.

 

 

 

 

 Relato - Parte 001

 

Un día del otoño de 1516, un soldado lisiado se prosternó torpemente ante su rey, Manuel I de Portugal. El soberano contempló con cierto desagrado a Fernando de Magallanes. En los últimos años, los superiores de quienes Magallanes había osado discrepar habían hecho correr informes malintencionados acerca de su conducta. Mas no había quien pusiera en tela de juicio su noble cuna, sus brillantes hazañas militares y su inflexible lealtad a la Corona.

De mala gana, el rey Manuel le hizo seña para que hablara.

Magallanes relató que, a los 36 años, lo habían empobrecido ocho de navegar, explorar y combatir por la Corona en África y las Indias portuguesas. Más aún, había sido gravemente herido tres veces al servicio del monarca, incluyendo una lanzada en la rodilla que lo dejó cojo para siempre. Solicitaba humildemente un aumento en su pensión. Manuel I, que no era nada dadivoso, denegó la petición.

 

  Relato - Parte 000

Sanlúcar  2019 – 2022Juan Sebastián de Elcano completó la primera vuelta al mundo el 6 de septiembre de 1522, en Sanlúcar de Barrameda,  tras recorrer 42.000 millas (78.000 kilómetros, casi 2 veces el diámetro ecuatorial de la tierra). Había partido 3 años antes, el día 20 de septiembre de 1519, de Sanlúcar de Barrameda, con la expedición de Magallanes. Regresando sólo con una de las 5 naves, la Victoria. Elcano representa el aventurero y explorador, ahora clásico, del siglo XVI. Buscando nuevas rutas y descubriendo nuevas tierras.     La escuadra la componían las siguientes naos- Santa María de la Victoria, de 360 toneladas, al mando del propio Loaísa. - Sancti Spiritus, de 240, al mando Juan Sebastián de Elcano, como Piloto Mayor de la expedición    y segundo jefe. - Anunciada, de 204, al mando de Pedro de Vera. - San Gabriel, de 156, al de Rodrigo de Acuña. - Santa María del Parral, de 96, al de Jorge Manrique de Nájera. - San Lesmes, del mismo tonelaje y al mando de Francisco de Hoces.

Aquí me veo, en Sanlúcar, antes de la salida del sol con media hora, y antes de abordar el camino de las islas canarias. Por aquesta razón, desde esta villa de Sanlúcar habré de tomar derrota y navegar tanto que llegase a las Indias y dar noticias de Vuestras Majestades a aquellos príncipes.

     Olvide yo pues el sueño y tiente mucho el navegar, porque así cumple, las cuales serán gran     trabajo.”

   juan sebastián elcano

    en sanlúcar a 20 de septiembre de 1.519