Siempre fueron en Sanlucar un aliciente de vivísima actualidad. Los ostiones.
La actividad ostionera comenzó siendo complementaria y esporádica.
Con el tiempo, y al socaire de la incitante demanda de conchillas para piensos avícolas, fue ganado en volumen y trascendencia hasta convertirse, espoleada por la pujante iniciativa empresarial, en auténtica panacea que vino a resolver mágicamente, en las épocas de desempleo, el excedente estacional de muchas actividades laborales.
Así, poco a poco, del campo o de la mar, los extractores del ostión llegaron a formar un verdadero censo. Un censo anónimo, incontrolable, elástico, fluctuante y todo lo anarquizado que se quiera, pero de indiscutible vigencia e innegable peso en nuestra realidad laboral.
Hoy, además, nos queda su belleza, nacar azulado, de reflejos irisados, para contemplar o disfrutar, al final del día, en nuestra mesa de trabajo.
e.dominguez r