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Hoy huele a Navidad

Hoy huele a Navidad

Hoy  huele a Navidad, a hojas caídas, a colores rojos, a árboles desnudos. Y es tiempo de reflexión, de intimidades, en este sol tibio que, a ratos, calienta en su marcha hacia el poniente, esa máscara de frio que nos rodea.

Hoy, huele a Navidad y nos asomamos a nosotros mismos, a este interior nuestro , a esta mar de los adentros, adormecida, replegada, sobrecogida por los problemas del mundo, absorta en sí, también pacífica y solemne, sabedora de que ahora, en algún punto de este planeta, en muchos puntos, existen odios, guerras, inundaciones, y la caza del hombre por el hombre.

Este ser humano que arremete contra el ser humano a punta de egoísmo que asoma a sus ojos por todos los horizontes, porque la solidaridad es muchas veces una palabra hermosa pero hueca, donde el yo y el mío prevalecen ferozmente sobre el yo de los otros.

Esta mañana de diciembre huele ya a Navidad, a reflexiones de urgencia bajo este azul tímido de las tierras de Andalucía. Paraíso de olivos, almendros, vides, rosas, fresas y claveles,

Rincón exuberante de frutas virginales y dulces eternos. Pero hoy el escenario esta como fotográficamente retenido, de pajarillos desnortados que buscan su vida como pueden, atemorizados por tanta agua como ha caído, demasiada agua, para esta tierra nuestra adolescente donde las haya pese a tantos y tantos siglos de historia,

Estamos en la Navidad, la de guitarras flamencas y villancicos antiguos, como olientes a madera vieja, a respiración profunda a redonda voz de órgano infinito.

Aquí esta, nuestra navidad, cercana, abierta a todos, como ese hombre con rastrillo que junta corazones desprendidos con una paciencia interminable, o ese pescador plantado en su barquilla también sobre horas infinitas, barquilla fondeada sobre ese paisaje nuestro, horizonte andaluz, alargado y silenciosos como esas gaviotas planeadoras sobre la piel del agua.

Viernes, de noche buena, lluvia reciente, fascinante despertar, quizá bajo esperanzas nuevas, en esta tierra abrillantada por las gotitas del rocío.

Y cuando algún perro ladra sobre el silencio del rocío, y otro claxon distante nos recuerda que vivimos en un mundo demasiado motorizado oliente a gasolina, hoy nos hacen falta las canciones, las de los niños de la navidad,

Y que nos hablen de ese paraíso perdido , del niño dios, de la placidez ingrávida y feliz, de la soledad alegre y confiada.

Hoy necesitamos que los villancicos canten paz, armonía, alegría y confianza.

Que hoy podemos empezar a ser mejores, entre todos, pero mejores uno a uno.

Hoy, empecemos hoy, que esta noche es noche buena y mañana Navidad,

Feliz navidad

 eduardo dominguez-lobato rubio