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Malandar...(Punta de) II

Malandar...(Punta de) II

 
 Involuntariamente, suelo pensar en el encanto de aquel lugar cuando paseo por la playa, a lo largo de uno cualquiera de los dos márgenes de la desembocadura; pero sobre todo me abandono en silencio a estos pensamientos cuando me aproximo desde el mar mismo, gano el cabo y diviso un horizonte infinito de olas y dunas, en el que ya sólo se aventuran pescadores de ribera y algunos coquineros artesanales fundidos con el paisaje. Es entonces cuando el alma más se sosiega, me encuentro y puedo reconocerme en mi mismo.

      Hoy no he paseado por la playa, no he visto ni ganado el cabo, pero muy tierra adentro he tenido entre mis manos un atlas marino en cuyo indice, casualmente, me ha saltado a los ojos el término "malandar", escondido entre "caletas", "bahías", "ensenadas" y "faros" de mil lugares distintos; me ha bastado su lectura ("malandar") para sentirme desbordado por todas aquellas sensaciones heredadas del lugar donde nací y crecí. Llevado por estos pensamientos, he vuelto a sentir la llamada del mar, y seguido de "malandar", he escrito en el mismo índice, casi involuntariamente y con letra improvisada lo que me ordenan todos aquellos recuerdos:   

                                                                                                               "malandar ...  (punta de) ".