
Un jardin te haré yo un día,
donde el mar se pierde, en la lejanía.
En vez de rosas, corales
y por claveles, algas blancas.
Por mariposas, blancas burbujas.
Peces, por colorines
y en vez de abejas cangrejos.
Por palomas, las medusas,
ruiseñores por sirenas.
Y el jardinero aparece,
en barco con velas blancas.
Déjame navegar por tu jardin.
Déjame ser tu jardinero.
Para poderte besar,
los corales de tu boca
y tus claveles de mar.
Autor: Eduardo Otaolaurruchi Muñoz