
Estas son las arenas de Sanlucar, antesalas de aguas y sal marina frente a los pinares de este Coto Rociero. Y estos son los últimos restos de nuestro Fuerte de San Salvador, ahora apenas si es nada, ni siquiera la
sombra de las piedras y los bronces encendidos ayer. Otro día como el ángel guardián de la ribera. Como un barco de piedra entronizado, por banderas, estrellas y galones, por la magia mortal de los cañones y por la mar, que se tumbó a su lado.
“Apenas si te queda, viejo amigo,
el viejo corazón de miel y trigo
y algún lejano llanto de sirena…
Te queda una leyenda en lontananza,
el horizonte ciego a la esperanza
y el naufragio total bajo la arena.”
Eduardo Dominguez