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17-08-2007, Sanlúcar es verano.

17-08-2007, Sanlúcar es verano.

Espeso, caluroso, masivo, oficial, así nos llegó este verano. De horas en blanco, indolente, festejador, como si todo lo borrara. Como si,  con los políticos de vacaciones, el mundo fuera otro. De pronto, nos olvidamos de los zarandeos que apabullan el planeta, ni Afganistán, ni las últimas elecciones, ni las tragedias más estremecedoras, como si agosto se hubiera sumido en la miopía y en la sordera. Quizás, francamente, sea lo mejor, lo saludable porque, al menos por unos días, nos liberamos de tanta sombra como cruza por nuestra mente.

Porque el verano, en Sanlúcar, tiene eso, el encanto de lo imprevisible, el morbo de lo arriesgado y la magia de lo indetectable. Aquí, en la playa o en las carreras de caballos, surgen amistades nuevas, amores rosados, pasajeros como el celaje del atardecer y, entonces, el tiempo se llena de palabras, palabras, escritas en la arena o en el agua, fugaces y livianas, azules y saladas, tibias, musicales e inaprensibles. Amores y amistades flotantes como pájaros extraños en el inmenso horizonte de la playa, en el traje de luces de este agosto sanluqueño vestido de azul y oro o granate y malva.

Quizá sea este un verano inolvidable, como aquellos de la infancia o de la juventud enredados entre Las Piletas y Bonanza, la Plaza del Cabildo o la Calzada, dejando esa estela tras los años entre la huella y la memoria. Quizá para nosotros la Sanlúcar veraniega siempre sea una referencia cierta, adormecida, acotada por nuestro olvido el resto del año, pero siempre aferrada al subconsciente marinero, bodeguero y barrialteño.

Luego vendrán las fiestas, los mostradores del buen yantar, espectáculos de buen ver y, gente, mucha gente, gentes de rio arriba, de la meseta, advenedizos, curiosos, visitantes, andariegos, ilustrados conferenciantes y amenos conversadores en la penúltima copa de la atardecida.

Hoy saludamos otra vez a esta Sanlucar veraniega, incitadora, complaciente, abierta, sosegada, que nos hace siempre mirar a este cielo azul que se nos escapa de las manos. Porque este verano es, un paréntesis en la costumbre, un salto en el aire sobre lo diario, y la lejanía de lo prosaico del cada día.

 

Eduardo Domínguez Rubio