
Gente marinera, ajada, bronquios humeantes, voz rajada, piel dorada y agrietada y, en el fondo, sueños a medio camino entre la esperanza fallida y los golpes de mar de la sociedad martilleante e injusta.
¡ Quien sabe, quien recuerda, quien valora a estos menesterosos y arriesgados hombres, cuando friamente, en el mercado de abastos o en el frio marmol de la pescadería pide...
- medio kilito de esas gambas y otro medio de galeras pero... ¡ que caras, no...? !,
¡ Quién te valora, viejo marinero de Sanlucar !