Bonanza... por Fernando Cruz
Lugar muy concurrido por la marinería en el obligado descanso del incesante tráfico comercial entre Sevilla y América, y por ello con altos beneficios, que se levantaba a un cuarto de legua de la ciudad. Su fábrica era de madera y otros materiales endebles, de ahí que necesitase de continuas reparaciones, restauradas por el carpintero Juan de Bonilla y su equipo entre el 24 de abril y principios de mayo de 1612, y terminada con el empedrado de su suelo en cantidad de 80 tapias – medida de superficie equivalente a 50 pies cuadrados – con un coste de 248 reales. Años más tarde, en febrero de 1615, el maestro Bartolomé Rodríguez con sus oficiales volvió a repararla por lo frágil de su construcción, esta vez el gasto fue de 256 reales, repitiéndose la operación en junio y julio de 1618 por 105 reales, adquiriéndose para el mismo fin en octubre de 1619 a un mercader gran cantidad de madera y clavos por valor de 329 reales y medio. A mediados del siglo XVIII su superficie era aproximadamente de 134 m2, con una fachada de 8 varas (6’68 m) y una profundidad de 24 (20m), compuesta de dos cuartos bajos y una caballeriza.
Estaba alquilada en 1613 a Andrés de Contreras por 40 ducados anuales, renta que se redujo a 32, que era lo que pagaba Bartolomé Rodríguez- ¿el maestro mayor del duque? – en 1621 por escritura ante Juan de Torres, y en 1630 se elevaba a 42 ducados y medio. El 13 de mayo de 1639, el IX duque de Medina Sidonia, don Gaspar, obligó esta renta, junto con otros bienes, ante el escribano público Francisco Parra, para asegurar los 100 ducados de vellón que asignó como limosna anual al convento de San Jerónimo de Barrameda.
Fernando Cruz Isidoro
El Santuario de Ntra. Sra. de la Caridad
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