Arenas de pan dormido.
Al sol tierno de la tarde,
bajan pájaros oscuros, al mismo son del agua.
Y en la últimas veletas,
donde el viento pierde la esperanza,
muere un rio desnudo,
arcángel transparente,
con antorchas y rosas en las manos.
e-DL
Y |
volverán, volverán un miércoles, después de pentecostés. Así se marchaban, embarcaban, rezaban a lomos de caballos con una idea clara, hacer El Camino, bailar orando, o rezar cantando, que da lo mismo. Y ellos, los rocieros, saben que sólo hay una forma de llegar, sin preguntar. Desde aquí, desde esta orilla, los que no pudimos ir, sí sabemos compartir sus triunfos, porque debemos disfrutar con las alegrías de nuestros amigos. Muchos de ellos levantaron el brazo durante buena parte del año reclamando ayuda, las cosas son y están definitivamente así.
Y en el camino, con esa clarividencia fugaz de instantes prendidos del cielo, bendigo el destino de quienes vuelven a cruzar este rio verde, donde vuelvo a encontrarles. A este lado de la orilla.
e.d.r Ð
