
Esta es Sanlucar, en una tarde del Miércoles Santo, en el Patio de Santo Domingo, puertas abiertas entre las flores, azahares entre naranjos y campanas reverdecidas, buscando su hora, en un suspiro y devoción.
La cruz de guía impacientada, los faroles a media luz, un niño con cirio en mano, chascas amenazantes y alpargatas de negro intenso, junto a la vara firme del Hermano Mayor.
En el patio, la ilusión, banda de cornetas, niños en primera fila, olores de esta Semana, entre Pasiones, chicotas y otra vez el llamador.
Pasito corto, la Cruz que se nos mece, al dolor del costalero, ese que sueña el Misterio, del Cristo de los Milagros, de la Virgen de las Penas y de la trabajadera altiva, a órdenes del capataz.
Pasito corto, ¡ por Dios ¡, que se abre este miércoles santo con el azul de los cielos, las campanas de Santo Domingo y la fe sentida en el Señor.
