
Otra visión de Sanlucar, la de estos invernaderos de claveles. En la jara o mejor dicho un poco más allá de lo que llaman “la rijerta”.
A la espera del calor, de ese calor nuevo, bien llevado, gozosamente aceptado, quizá por aquello de “ ya era hora “. Cuando el lagarto cruza, confiado y sin eclipses, la carretera. Y, aunque las nubes no se resignan, huele ya a casi primavera y a carnaval.
Plena, afanada actividad campesina en las tierras de labor, en “los claveles”. Derechura sin desmayos, de varas ordenadas y tiesas, muy cerquita de la mar. Otra cosa es el precio que, veremos a ver, todo son quejas y lamentaciones y, dicen, que la cosa va porque tiene que ir, pero que apenas se mantienen estos familiares criaderos de flores de colores.
Porque en Sanlúcar, algunas cosas, muchas cosas, demasiadas cosas salen por aquello del “milagro diario”.
e.j.dominguez rubio